martes, 11 de noviembre de 2008

Te quiero a las diez de la mañana

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día.
Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en
las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando
me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en
el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a
odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás
hecha para mi, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre,
que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en
donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú
vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un
instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que
tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días
también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena
como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo,
me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante
mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor
mío?

JAIME SABINES

4 comentarios:

Lau dijo...

Hola amiga!!!!
Me encanta esta idea...y que capo que es este señor, no???
Muchos besos nea, te quierooooo

María Gabriela Costigliolo dijo...

Genio total amiga!!!!!!

JAVIER dijo...

Excelente!...Buena eleccion para entregarnos.

María Gabriela Costigliolo dijo...

Javier, gracias por pasar por el blog, es un intento de completar cosas que necesito decir...Jaime Sabines es un esplendido decidor de cosas para tomar prestadas.!!!!
Un abrazo